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El fútbol femenino moderno

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Wanda Metropolitano con más de 60.000 personas por Laura R. Albarrán @LaLuRAlbarran

A muchos os sorprenderá el título de este artículo de opinión. Existe eso de «fútbol femenino moderno». Yo creo que sí, porque poco o nada tiene que ver el contexto en el que estamos con el que yo me encontré cuando empecé a seguir este deporte hace ya una década.

Cualquiera que me siga sabe que hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre esta nueva etapa en la que está metida el fútbol femenino. Muchos seguís este deporte desde hace relativamente poco y ya habéis entrado en él con esta estructura actual en la que si no perteneces a un gran club masculino no tienes ni la más mínima oportunidad de tener relevancia o subsistir (competir por algún título) al más alto nivel. Cada vez más el fútbol femenino ya no depende de aquella gente que tenía ilusión, pasión, perdía tiempo y dinero en apostar por este deporte desgraciadamente invisible por aquel entonces. El fútbol femenino pertenece ahora al fútbol masculino. Lo que la directiva de cierto club quiera invertir, sin mirar mucho el retorno económico, es lo que recibe el fútbol femenino. Nos hemos instalado en un burbuja (como dijo Markel Zubizarreta, director deportivo del Fútbol Club Barcelona al periódico «El País» en Noviembre de 2017) que esperemos que no explote y se convierta en una realidad. Pero a día de hoy, esto que vivimos no depende tanto de los logros del fútbol femenino en sí. Me explico (o al menos lo intentaré hacer).

El fútbol femenino sigue sin ser rentable en la actualidad, Se vive tanto de la apuesta interna a largo plazo de los clubes (ahora mismo la mayoría sólo «genera» en valor añadido a la imagen del club), del impulso económico por parte de ciertas federaciones (unas más comprometidas que otras), como del mecenazgo de muchas empresas privadas en una época en la que vivimos de fuerte compromiso social, visibilidad, igualdad y reconocimiento para la mujer. El fútbol femenino sigue siendo una inversión de negocio a largo plazo. Y en el momento en el que ha entrado la palabra «negocio», es cuando más clubes y más gente ajena a él han entrado en escena. Que sean más los interlocutores es algo positivo en mi opinión. Pero quizás no comparto el afán de protagonismo de ciertas personas con unas ganas inusitadas de colgarse «medallas» (si se analiza más pormenorizadamente los pasos entran muchas dudas) ni tampoco las formas de ciertos clubes. Aunque como digo, cuanta más gente mejor. Pero espero y deseo que no se arrastren comportamientos ni actitudes con los que convivíamos muy bien sin ellas.

Los grandes actores de la película del fútbol femenino son secciones femeninas de los grandes clubes masculinos como París Saint-Germain, Fútbol Club Barcelona, Manchester City, Arsenal, Bayern Múnich y Atlético de Madrid; clubes que pueden afrontar pérdidas de 5-6 millones de euros anuales destinándolos al fútbol femenino en medida de marketing e inversión a largo plazo. Menos fuertes en el masculino pero con apuestas más tempraneras y muchos años de inversión a las espaldas son Olympique de Lyon y Wolfsburgo, los dos grandes clubes del fútbol femenino mundial. La apuesta personal de Jean-Michel Aulas hace más de 10 años por el fútbol femenino, que parecía una locura (y en parte lo sigue pareciendo esa inversión fuera de mercado), ha dado sus frutos a nivel deportivo. Económicamente él dice que es rentable, pero si lo fuese digo yo que más clubes apostarían esa locura que supera los ocho dígitos. El Wolfsburgo, propiedad de la Volkswagen, lleva muchos años apostando por el fútbol femenino, y en concreto, la empresa automovilística más grande de Europa siempre ha apostado por el fútbol como medida de acercar la marca a la gente (¿qué equipo no lleva patrocinio VW?). Estas apuestas personales, este patrocinio de grandes empresas, como en el caso de Stanley (que cubre en gran medida el presupuesto del conjunto catalán) para la sección femenina del Barça, es lo que permite estas inversiones sin un retorno tangible. Es una burbuja.

Pero permite este modo de vida que lleva el fútbol femenino actualmente, cada año mejor que el anterior para el bolsillo de la jugadora que es, al fin y al cabo, la principal protagonista. Cada vez los salarios son más altos, cada vez las inversión en hacer plantillas de más nivel es superior, y parece que se ha creado una especie de competitividad entre los grandes clubes, positiva para el desarrollo de este deporte, por ver quién es el rey (reina) de Europa. Pero esperemos que no se convierta en un simple y «yo más» o «no voy a ser menos» que parece que se da cada vez que se abre un estadio al fútbol femenino (estaría bien saber el balance económico negativo de lo que cuesta abrir y llenar un gran estadio regalando casi todas las entradas). La competitividad entre clubes es buena, es positiva para la evolución de este deporte.

Con lo cual, ¿es buena la llegada del Real Madrid al fútbol femenino? Claro, es fantástica desde el contexto en el que nos encontramos ahora. El fútbol femenino es un una inversión de negocio a largo plazo, y cuantos más actores entren en juego mejor. De hecho, cuantos más equipos de la élite haya, más retroalimentación efectiva habrá y más conocimientos sobre nuestro deporte tendremos para desarrollar un modelo mejor. Más inversión, más patrocinadores, mayor impacto social… En lo puramente económico es un acierto. Pero no sólo el Madrid, cualquier gran equipo que arrastre masa social.

Otra cosa es que el fútbol femenino siga perdiendo esa «inocencia» mal entendida de los inicios y que cada vez más los grandes pioneros de este deporte no tengan sitio en él (una gran contradicción). La coexistencia parece imposible. Y uno que lleva mucho tiempo en esto, no está conforme. Pero los tiempos cambian, en el fútbol femenino en un abrir y cerrar de ojos, y este es el plan de negocio del futuro. Parecernos cada vez más, y depender hasta ser autosuficientes (¿será eso posible?), al fútbol masculino. ¿Es lo ideal? Pues no lo sé. Aunque el modelo masculino se ha convertido en uno de los grandes negocios de la actualidad.

Tenemos que empezar a ver el fútbol femenino como una oportunidad de negocio. Con todo lo que eso, positivo y negativo, conlleva.

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